Woodic
2024
Llevar las piezas de Woodic al bosque fue como devolverlas a un hogar que habían olvidado. Al salir del taller, las vasijas de cerámica negra perdieron su condición de objeto utilitario para convertirse en presencias; algo parecido a tótems que emergían de la tierra o restos de un ritual antiguo. En este editorial, el bosque no fue solo un escenario, sino un cómplice que envolvía el negro rotundo del barro con su propia luz tamizada y su humedad silenciosa. Mi intención fue capturar ese contraste magnético: la superficie oscura y mate de la cerámica frente a la textura vibrante del musgo y la hojarasca. Busqué una atmósfera de realismo mágico, donde la luz se filtraba entre las copas de los árboles de forma caprichosa, revelando las siluetas de las piezas como si fueran sombras que han tomado cuerpo. No hubo dirección de arte forzada; dejamos que las vasijas encontraran su sitio entre las raíces, sobre piedras húmedas o medio ocultas por la vegetación, como si llevaran allí siglos esperando ser descubiertas. En este "bosque encantado", la cámara se centró en el misterio de lo que no se ve del todo. Me fascinó cómo el negro de la cerámica absorbía la luz mientras que el entorno la dispersaba. Jugamos con la bruma, con los reflejos sutiles del agua y con ese silencio pesado que solo existe en lo profundo de la arboleda. Cada fotografía es un encuentro entre lo humano —moldeado por el fuego— y lo salvaje, una frontera donde la artesanía se vuelve algo sagrado y primario. Al final, esta serie con Woodic es una exploración de lo telúrico. Es la unión de la tierra cocida y la tierra viva bajo una misma mirada poética. Las piezas ya no son solo barro; son fragmentos de una historia que el bosque parece estar susurrando, recordándonos que la belleza más profunda es aquella que nace de la oscuridad y encuentra su lugar en la naturaleza más pura.
Proyecto
Fotografía de producto
Cliente
Woodic
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